Boris Nadezhdin, el opositor que pensaba poder seguir en libertad en Rusia
"Me quedé en Rusia todo el tiempo que pude", afirma desde Francia Boris Nadezhdin, una de las últimas voces críticas con el Kremlin que residía en el país sin estar encarcelado, convertido en un símbolo inesperado de la oposición a la guerra en Ucrania.
"Intenté hasta el último segundo no traspasar las líneas rojas, pero parece que estas se han movido", explica a la AFP este político de 63 años en los suburbios de París, donde llegó a principios de agosto tras huir de Rusia pasando por Kazajistán.
Durante mucho tiempo, Nadezhdin fue acusado por sus detractores de ser una figura de fachada de la oposición dentro del sistema de poder ruso.
Este exdiputado (1999-2003) conoce personalmente a Vladimir Putin, con quien tomaba el té de vez en cuando a principios de la década de 2000. Trabajó con Serguéi Kirienko, el poderoso primer adjunto de la administración presidencial, y durante muchos años participó en programas de propaganda política en la televisión rusa.
Cuando Moscú lanzó su invasión de Ucrania en 2022, el régimen se endureció, las apariencias de pluralismo desaparecieron y se prohibió cualquier crítica a la denominada "operación militar especial". Los principales opositores huyeron, fueron encarcelados o murieron.
Boris Nadezhdin, por su parte, pensaba poder seguir dentro de los límites. "Si en 2024 aún podía criticar a Putin y la guerra, ahora ya no puedo", afirma este hombre, conocido por su carácter afable y su sonrisa fácil.
Intentó presentarse a las elecciones presidenciales de 2024, pero se lo impidieron tras convertirse en una figura de referencia para quienes se oponían a la guerra.
En julio, se enteró de que sus intentos de desafiar al Kremlin podían llevarlo a la cárcel.
Quiso presentarse a las próximas elecciones legislativas de septiembre, pero fue declarado "agente extranjero" -una etiqueta utilizada para acallar la disidencia- y condenado a pagar una multa por "extremismo".
- "Quieren la paz" –
Tras ser citado para un interrogatorio, hizo las maletas.
Poco después de su huida, el único partido pacifista de Rusia, Yabloko, también fue inhabilitado para participar en las elecciones.
Sin embargo, en Rusia, la demanda de cambio y de paz es "enorme", asegura Nadezhdin. "Me he reunido con cientos, quizá incluso miles de jóvenes. Dicen que quieren la paz, y todos dicen que quieren volver a una vida normal".
Es difícil evaluar la oposición a la guerra en Rusia debido a la censura. Según una encuesta realizada en julio por el Centro Levada, que figura en la lista de "agentes extranjeros", el 62% de los encuestados apoyaba la apertura de negociaciones de paz con Ucrania, mientras que el 28% estaba a favor de que continuaran los combates.
- "Verdadero coste" -
Según Nadezhdin, que trabajó en el gobierno en los 90, las élites están frustradas, pero tienen demasiado miedo para actuar. "Me repiten: 'Boris, lo entiendes, ¿verdad? Un paso en falso y estamos acabados'".
Aunque la popularidad de Putin está decayendo, los observadores consideran que su control del poder sigue siendo sólido.
Pero si el mandatario se empeña en intensificar la guerra, su popularidad podría seguir mermando, opina el opositor. "Los votantes rusos han comprendido el verdadero coste de esas supuestas grandes victorias".
Boris Nadezhdin no se arrepiente de su trayectoria en los círculos de poder rusos. "Habría sido un buen político europeo", comenta sonriendo, "alguien que sabe buscar compromisos".
Ahora no sabe qué le deparará el mañana. Sus padres, ya mayores, y sus hijos siguen en Rusia, y le da miedo arrancar a su familia de sus raíces.
"No tengo una idea clara, (...) pero haré todo lo posible por aguantar hasta el día en que pueda volver a Rusia", apunta.
D.F. Felan--LGdM