Un inestimable documento histórico azteca regresa a México prestado por Francia
Escenas de poder y muerte en la mítica capital mexica Tenochtitlán, conquistadores españoles, traiciones y decadencia. Es lo que relata en pictogramas el histórico Códice Azcatitlán exhibido en México desde el jueves gracias a un préstamo de Francia, que rehúsa devolverlo.
El gobierno mexicano reclama desde hace años la restitución de este inestimable documento, uno de los más importantes de su historia, realizado en el siglo XVI por artistas indígenas tras la caída del imperio azteca bajo el dominio español.
Es "la memoria viva para México de nuestra historia, la voz escrita de nuestros antepasados y la raíz profunda de nuestra identidad", dijo la presidenta Claudia Sheinbaum cuando en noviembre pidió a su homólogo francés, Emmanuel Macron, la devolución del Azcatitlán y de otro valioso manuscrito, el Códice Borbónico, que se conserva en la Asamblea Nacional de Francia.
París afirma no poder restituirlos por motivos legales.
A partir de este jueves y hasta el 31 de diciembre, el Códice Azcatitlán se exhibirá en el Museo de Antropología de la capital en el marco de las celebraciones por el bicentenario de las relaciones entre México y Francia, una de las primeras potencias que estableció contactos con el nuevo país, cinco años después de su independencia en 1821.
- Éxodo, esplendor y declive -
Francia posee unos 70 manuscritos pictográficos originales, como códices o documentos de tradición mesoamericana. Entre ellos el Azcatitlán y el Borbónico, que representa calendarios adivinatorios y solares de la civilización mexica.
Este último se cree que fue robado durante la época napoleónica de la biblioteca de El Escorial en España.
Los códices -que pueden ser pictográficos y/o alfabéticos- narran la historia, los ritos y las creencias de los pueblos del actual territorio mexicano antes y después de la llegada de los españoles, en el siglo XVI.
Con policromía de rojos, azules, verdes y amarillos, desde los guerreros con penachos de plumas hasta los actos rituales en templos piramidales, el Azcatitlán relata la historia de México-Tenochtitlán: la migración de la mítica Aztlán, la fundación de la espléndida urbe, la caída del imperio ante los conquistadores y sus aliados indígenas en 1521.
Fue elaborado sobre 25 folios de papel europeo y utiliza páginas enfrentadas para formar escenas panorámicas, según un artículo de la Academia Mexicana de Ciencias.
"Combina el sistema de dibujo prehispánico, pero ya incorpora figuras que tienen una visión más realista", explicó en julio el antropólogo Diego Prieto, que fue director del Instituto Nacional de Antropología.
- De mano en mano -
El Códice Azcatitlán ha sobrevivido a los siglos pasando de mano en mano, cruzó océanos y en algún momento llegó a Italia de donde el virreinato de la Nueva España, que abarcaba el México actual, lo recuperó en 1743.
En un momento no especificado salió de resguardo oficial y pasó por varios historiadores locales hasta llegar al investigador francés Joseph Aubin.
En 1848, el documento salió de México rumbo a Francia, cuando Aubin trasladó toda su colección de documentos indígenas a su país.
Estos fueron adquiridos en 1889 por el coleccionista de origen franco-mexicano Eugène Goupil. Su viuda los donó a la Biblioteca Nacional de Francia en 1898, con la condición de que la colección se conservase siempre íntegramente en esa institución pública.
La Asamblea Nacional y la Biblioteca Nacional de Francia defienden la legalidad de posesión de los códices que conservan.
El Parlamento francés no los incluyó en una ley que aprobó en mayo para facilitar la restitución de obras expoliadas durante la colonización.
Las leyes mexicanas consideran todo patrimonio histórico como propiedad de la nación, pero la mayoría fueron promulgadas mucho después que estos y otros bienes fueran sacados del país.
El pueblo hñähñu, del central estado de Hidalgo, pidió en 2024 la restitución del Códice Borbónico porque contiene las "fórmulas" del ritual mexica del Fuego Nuevo "que se conmemora en 2027".
México recobró otro de estos documentos, el Códice Tonalámatl, cuando un abogado lo sustrajo en la Biblioteca Nacional francesa en 1982.
T.Salinas--LGdM